La estrategia de formación se basan en el desarrollo de: la imaginación, la creatividad, para responder con las mejores propuestas arquitectónicas y urbanísticas; el espíritu crítico, para considerar y analizar lo realizado y proponer lo que debe perdurar como patrimonio y lo que debe cambiar; el equilibrio, para no dejarse llevar por determinadas tendencias que pueden resultar modas; la vocación de servicio, para lograr la propia satisfacción y la de quienes fueron servidos por su trabajo; el realismo, para reconocer la situación tecnológica, social y económica en la que debe dar su respuesta arquitectónica y urbanística; y la responsabilidad, para el mejor desempeño de sus tareas profesionales.